Del lunes 21 al miércoles 23 de septiembre, Flor Alely Rivera Cueva, estudiante de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), de la especialidad de Educación Primaria, participó como representante de la Facultad de Educación en Comunidades de Jóvenes para la Paz (Youth-driven Communities for Peace – YoD-COP) Perú 2026, una iniciativa impulsada por el Instituto Mahatma Gandhi de Educación para la Paz y el Desarrollo Sostenible de la UNESCO (UNESCO MGIEP) y la Oficina de la UNESCO en Perú, con el apoyo de la Facultad de Educación de la PUCP.
Flor fue seleccionada como una de los 35 jóvenes líderes provenientes de distintas regiones del país, reconocidos por su compromiso, liderazgo e impacto en sus comunidades. Durante tres jornadas desarrolladas en la Facultad de Educación, los participantes reflexionaron sobre la cultura de paz, ciudadanía mundial, diversidad, igualdad de género, aprendizaje socioemocional, alfabetización mediática e informacional e iniciativas orientadas a generar cambios positivos en sus comunidades.
La primera jornada, denominada “Encontrarnos y nombrar el futuro”, comenzó con la bienvenida a los participantes y la entrega de materiales que acompañarían las actividades durante los tres días. Uno de los primeros espacios de conexión fue la dinámica “El camino que me trajo hasta aquí”, para la cual cada participante debía llevar un objeto o recuerdo que representara un aspecto significativo de su identidad.
Flor llevó una fotografía en la que aparece junto a su madre, su padre y su hermano Sneyder. Para ella, esta imagen representa una parte esencial de su identidad y de las raíces que la han acompañado en su formación personal y profesional. Su madre es de Áncash y su padre, de Piura, por lo que creció reconociendo y valorando la riqueza de dos tradiciones y culturas distintas.
“Mis padres me han formado en valores y me han inculcado el hábito de estudiar desde muy pequeña, así también, la motivación de seguir aprendiendo, de poder ayudar y generar cambios en mi comunidad”, comparte Flor.
La experiencia de compartir estos recuerdos permitió que los jóvenes conocieran las historias que los habían llevado hasta ese espacio. Fue un momento de profunda conexión y empatía, en el que muchos compartieron experiencias marcadas por desafíos, aprendizajes y esfuerzos por generar cambios en sus comunidades. Posteriormente, se abordaron los temas de educación para la ciudadanía mundial y educación para la paz, a cargo de Moritz Bilagher, quien acompañó las reflexiones y actividades desarrolladas durante las jornadas. Se destacó la importancia del aprendizaje socioemocional y de formar ciudadanos capaces de preocuparse por los demás, actuar de manera ética y contribuir a la construcción de comunidades de paz.
Uno de los aprendizajes que más destacó Flor estuvo relacionado con el rol docente. La reflexión sobre la responsabilidad de garantizar las condiciones y medios necesarios para que los estudiantes puedan aprender le permitió reafirmar su concepción del docente como mediador de aprendizajes y como referente para sus estudiantes.
Para Flor, las acciones de los docentes también educan: aquello que un maestro realiza en su práctica cotidiana puede convertirse en un ejemplo que los estudiantes reproduzcan en sus propios espacios. Por ello, considera fundamental que la construcción de una cultura de paz involucre de manera conjunta a docentes, estudiantes y familias. La jornada también incluyó un espacio dedicado a la alfabetización mediática e informacional, facilitado por Astrid Arbildo. Allí se reflexionó sobre la importancia de acceder a información confiable, analizarla, evaluarla antes de compartirla y asumir una actitud responsable frente a los contenidos que circulan en internet. A través de diversas dinámicas, los participantes asumieron diferentes roles y medios de comunicación para experimentar cómo transmitir mensajes de manera transparente, íntegra y responsable, evitando la difusión de información engañosa. El día concluyó con un espacio de reflexión en el que cada joven compartió los principales aprendizajes que se llevaba de la jornada.
La segunda jornada, “Mirarnos y mirar las desigualdades”, comenzó con una recapitulación de los aprendizajes del día anterior y continuó con una reflexión sobre la diversidad y el enfoque de género. Durante este espacio se destacó que la diversidad presente en las culturas, tradiciones, identidades y características de las personas constituye una fuente de riqueza y potencial para las sociedades. Sin embargo, cuando las personas no pueden acceder en igualdad de condiciones a sus derechos y oportunidades, se generan situaciones de desigualdad que requieren ser reconocidas y atendidas. En este marco, se abordaron tres conceptos fundamentales: igualdad, equidad y paridad. La igualdad fue presentada como la meta orientada a garantizar derechos, responsabilidades y oportunidades; la equidad, como el camino que implica considerar las desventajas históricas y adoptar medidas para superarlas; y la paridad, como una forma de observar una representación o participación numéricamente equilibrada.
Asimismo, se enfatizó que, aunque una persona no pueda resolver por sí sola las problemáticas sociales, sí puede generar diálogo e incidir en distintos espacios y comunidades. Desde esta perspectiva, la construcción de una cultura de paz comienza también con la capacidad de mirar al otro, reconocer sus necesidades y actuar desde el respeto.
Otro momento importante estuvo a cargo de Celia Quenaya, quien desarrolló una introducción al aprendizaje socioemocional. Los participantes reflexionaron sobre la importancia de reconocer las propias emociones, identificar cómo estas se manifiestan física y emocionalmente y desarrollar estrategias de autorregulación. Entre las herramientas compartidas se abordaron estrategias como el anclaje, que permite centrar la atención en aquello que nos rodea; recursos mentales para recuperar la calma; y la pregunta de pausa, que ayuda a regresar al momento presente antes de actuar. Una de las frases que más impactó a Flor durante esta jornada fue: “Ser resiliente no significa que vas a aguantar todo”. Esta reflexión le permitió reconocer que la resiliencia también requiere apoyo, contención y espacios seguros para afrontar situaciones complejas.
La tercera jornada, “Pasar del aprendizaje a la acción”, estuvo orientada a convertir las reflexiones desarrolladas durante los días anteriores en propuestas concretas. Los jóvenes trabajaron en sus propios proyectos e iniciativas comunitarias mediante una ficha en la que pudieron definir aspectos como el objetivo de su proyecto, el tiempo estimado para desarrollarlo, los recursos necesarios y el tipo de apoyo que requerían para llevarlo adelante. Este ejercicio permitió que cada participante organizara sus ideas y visualizara los siguientes pasos para convertir sus aprendizajes en acciones concretas.
Posteriormente, se contó con la participación de Milena Huarton, quien compartió parte de su experiencia y reflexionó sobre la identidad a partir de su álbum “Latin Chola”. Su testimonio permitió reconocer cómo las raíces, experiencias e historias personales pueden convertirse en una fuente de expresión y transformación. A partir de su experiencia, se reflexionó sobre la importancia de reconocer la propia identidad, encontrar la propia voz y generar espacios para que otras personas también puedan compartir sus historias. Para Flor, este encuentro reafirmó la idea de que la identidad nos acompaña y se construye desde nuestras experiencias, raíces y vínculos con los demás.
Más allá de los contenidos abordados, la participación en YoD-COP Perú 2026 representó para Flor una oportunidad para conocer las historias de jóvenes de diferentes regiones del país, reconocer la diversidad de sus experiencias y comprender que existen múltiples maneras de contribuir a la transformación de las comunidades. El encuentro también le permitió reafirmar su compromiso con la educación como una herramienta para generar oportunidades y construir una sociedad más justa, inclusiva y orientada al bien común. Desde su formación como futura docente, Flor reconoce que la construcción de una cultura de paz también empieza en las aulas, a través de las relaciones que se establecen, las oportunidades que se generan y los valores que se transmiten mediante las propias acciones. Su participación en esta iniciativa representa, así, una experiencia de aprendizaje, intercambio y reflexión que fortalece su propósito de continuar formándose como educadora y agente de cambio, llevando los principios de diálogo, respeto, inclusión y cultura de paz a los espacios donde pueda generar impacto.
Nota elaborada por

Flor Rivera
Estudiante de Educación Primaria